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Por. Nahomi Martínez

Fotografía: Enrico Fantoni
Tal como nos ofrecía un nuevo encuentro del ciclo 2017 de Nuova Harmonia, la velada del martes 3 de octubre en el Teatro Coliseo, fue una oportunidad de disfrutar de reconocidos músicos del más alto nivel interpretativo: Zurich Chamber Orchestra dirigida por Willi Zimmermann y el Swiss Piano Trio, con algunos matices que saltaron en mayor o menor medida, en relación a la maravillosa propuesta presentada durante esta temporada. 
Acostumbrados a ver pasar frecuentemente por el escenario del Coliseo, a orquestas de cámara de gran nivel, se daba la bienvenida entre aplausos a la Zurich Chamber Orchestra, dirigida por el excelso concertino Willi Zimmermann, quien se destacó especialmente por lo musicalmente atrevido, provocador e impetuoso, así como se reflejó en los tres movimientos de la Sinfonía N° 38 en Re Mayor, Köchel 504 “Praga” de Mozart y en el “Canto” para Orquesta de Cuerdas de Fabian Müller.
Pareciera que la pasión de estos suecos pasa por la exactitud. No son cálidos ni envolventes, pero la amplitud de su sonido es resultado de un conocimiento, entendimiento y autocontrol claro de lo que quieren lograr con su interpretación. 
Es tal el nivel de engranaje y sincronía, que el director y concertino, apenas sobresale, es uno con su orquesta. Es el reflejo absoluto de un líder que conoce a su equipo, confía en ellos, en su interacción y sabe que su repertorio será exactamente lo que es, nada más ni nada menos. 
Mucho poder en las dinámicas, matices perfectos, una clara intencionalidad en cada obra. No son una masa, esta orquesta es más bien una telaraña tejida muy prolijamente, sin llegar a ser poderosos o avasallantes. Me atrevería a decir que fue un pequeño break de las anteriores fechas deslumbrantes e inolvidables del ciclo.
El trío por su parte, un poco más flexible, resaltó en gran medida gracias a la impresionante y liberadora interpretación del cellista Sasha Neustroev. Neustroev nada tenía que ver con lo exacto, era puro corazón, cuerdas, expresividad y un instrumento que explotaba en brillo y sonido. 
Probablemente la posición del piano en el escenario no fue exactamente favorecedor para la entrega interpretativa de Martin Lucas Staub, pero no le impidió volcar todo su poder expresivo y apasionado, completando el engranaje humano desplegado por el cellista. Por su parte, Angela Golubeva, muchísimo menos emotiva y vistosa, parecía más bien tímida e incómoda pero proyectaba a su vez, una profunda expresividad. 
Cerrando los ojos, para intentar minimizar la visible diferencia en la desenvoltura de los intérpretes, quedaba una resonancia casi sedosa del Triple Concierto para violín, violonchello, piano y orquesta en Do Mayor de Beethoven. 
Con un bis alegre y animado (Tripel – Schottisch, Florian Walser), la Zurich Chamber Orchestra y el Swiss Piano Trio se despedían del escenario y del público porteño.
Más información sobre Nuova Harmonia:
teatrocoliseo.org.ar/ 

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NM

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