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PH:  Jimena Savelli | PH Fuente: MDZ

Muchos detalles, matices absolutamente sutiles, amplificados en una perfecta ingeniería diseñada por un genio, que en el completo (y triste) desconocimiento de quien no ha tenido el placer de escuchar a esta banda en vivo, reluce y se planta en las tres décadas de producción creativa y musical con una marca única, establecida por un intérprete único, y una banda que va más allá de la solidez. No hablo de nada más que de Radiohead en la Ciudad de Buenos Aires el pasado sábado 14 de abril.
Combatiendo temores arrastrados de los pasados meses en grandes recitales, en los que la producción desastrosa opacó experiencias que todos esperábamos fuesen inolvidables, el público comenzó a llegar al predio de Tecnópolis, en el que el Soundhearts Festival 2018, vería la luz como parte de la gira de esta importante banda que es sin duda, una de las mejores bandas de rock alternativo de nuestra época.

Ph: ig: @emma_distilo | PH Fuente: Acá pasan cosas

Esto, así como lo escribo, no sería una reseña de un recital como cualquier otro, sería un análisis básico de la trascendencia de una propuesta musical que no ha hecho sino evolucionar, sin cambios esenciales propios de su identidad, sin resignificación de la existencia misma de la banda. Esta formación es un resultado de la coherencia emocional y compositiva de músicos geniales que en su construcción individual, lograron generar algo más que un vínculo duradero, lograron crear una perfecta maquinaria. Perfecta y mágica.
Perfección que más allá de referirse a la obvia prolijidad técnica de su sonoridad en los trabajos de estudio, se refiere al alto grado de compromiso que estos músicos tienen para con su trabajo, sus altos niveles de calidad y para con su público.
Lo que pudimos disfrutar en un predio con todas las características para ofrecer un sonido de promedio a mediocre, al que estamos acostumbrados en los recitales en espacios abiertos, podía registrar con total nitidez la caída de una aguja. Sin saturación, sin una estela innecesaria de ruidos descontrolados que chocan entre los distintos instrumentos mientras tocan. No, nada de esto ocurrió. Para esta exigente banda sólo existe un sonido puro y limpio, cada instrumento perfectamente ecualizado, con el apoyo de parlantes perfectamente distribuidos. Es estar durante los primeros 3 temas con el vértigo de no sentir que los parlantes están por estallar y aun así, disfrutar de un buen volumen, y aun así (reiterado), disfrutar de cada detalle, de cada instrumento. Entre tema y tema se perdió, en algún momento, el vértigo de sentir que no vas a escuchar ese fragmento de la guitarra que te vuela la cabeza. Se escuchó todo, y ese recuerdo auditivo nos acechará por un largo tiempo.

PH: ig: @emma_distito | PH Fuente: Acá pasan cosas
Es acá, donde esta banda ratifica que ser la imagen del anti estereotipo, que ser fieles a lo que sienten y no a lo que vende, es lo que los sitúa en un lugar de honor entre las bandas. A eso, sumemos una absoluta y completa humildad en el escenario.
Un desperfecto técnico en las barreras de seguridad del público hizo a Yorke parar la presentación en plena interpretación de The Gloaming, que, consciente de su super poder, calmó (hipnotizó) al público con una versión a capella del mismo tema, un Yorke que se detuvo a pedir agua para la primera fila de fans, y una banda que se dignó a esperar en silencio sobre el escenario por más incómodo que pareciera, los 10-15 minutos que tardó la asistencia técnica en resolver el desperfecto. Grandes.

PH:  Jimena Savelli | PH Fuente: MDZ

Agradecidos y para cerrar una espera que se acercaba más a la década de ausencia en suelo argentino, entonaban un himno que aunque muchos consideren trillado, marcó una época en la que muchos crecimos y de donde nacían esos fuertes vínculos de identidad y auto aceptación, en la que, gracias a ellos, era permitido ser «raro», «no bello» y «no pertenecer», todo un reflejo del sentir adolescente, pisando por segunda vez suelo porteño pero 20 años después, uniéndonos en un mismo sentido maravilloso de desencaje, pero engranados con ellos y, en ese momento, engranados entre todos, entre los miles que estuvimos presentes. Nada más se pudo pedir. Sin duda, uno de los mejores recitales de lo que va de año, por decir algo y poco. 

Por. Nahomi Martínez
nahomimartinez@eeamagazine.com.ar
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