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Contextualicemos la noche, Buenos Aires, Argentina, lunes 3 de septiembre de un 2018 que ha venido cargado de mucho movimiento social y que, terminó el mes de agosto, con un importante ajuste inflacionario, un dólar alcanzando su valor máximo en lo que va de año y mucho descontento, incertidumbre y angustia generalizada, en todos los sentidos.

Esa noche, el regio Sestetto Stradivari pisaba por segunda vez, el escenario del Teatro Coliseo, lamentablemente a medio llenar a pesar de que las ventas son realizadas con abonos anticipados.

Contextualizo, porque las crisis económicas y sociales son factores que inciden de forma importante (y directa) en el consumo, disfrute y producción de cultura. Cultura programada y con agenda, con difusión y convocatoria, con análisis no sólo del valor del contenido sino de la segmentación, un estudio y planificación que permite que tengamos en mayor o menor medida, acceso a espectáculos de calidad internacional en la multiculturalidad porteña.

Superada la sensación previa de entrar al teatro, nos encontramos al Sestetto Stradivari con una química especial, Marlene Prodigo y David Romano (violín), David Bursak y Raffaele Mallozzi (viola), Sara Gentile y Diego Romano (violonchelo) son miembros de la Orchestra Dell’Academia Nazionale Di Santa Cecilia de Roma, y como sexteto, dieron vida a un repertorio muy bien estructurado, en el que lo contemporáneo del austríaco Arnold Schoenberg se entrelazó en un mismo color con la magia incomparable de Brahms.

El concierto que iniciaba con el sexteto para cuerdas de la ópera “Capriccio” Op. 85 (del también austriaco) Richard Strauss, dio pie a un paseo guiado por el repertorio que cerró con lo sutil, oscuro, liberador y pasional de Brahms, a cargo de esta formación brillante y dispuesta a traducirlo con la intencionalidad y entrega del que quiere ser fiel y digno de su palabra musical. 

El Sexteto para Cuerdas no. 2 in Sol mayor, Op. 36. composición del músico alemán, nacida en 1864, permite un acercamiento a su primera etapa compositiva, en la que ya revelaba un particular, delicado y corporal sentido de la musicalidad. La interpretación no fue más que hermosa y conmovedora, tal como lo comenta Pablo Gianera en el programa: «En una carta a Joseph Gansbacher, Brahms le confía que la obra era una tentativa de superar su frustrada relación amorosa con Agathe von Siebold, cuyas iniciales (A G A D/B -H en la notación alemana- E, la, sol, la re, si mi) aparecen continuamente en el primer movimiento».

Con las lindas palabras en un italo-español de la chelista Sara Gentile y otro Brahms para despedir la noche, aplausos y amor por lo clásico, volvíamos todos sobre nuestros pasos a reintegrarnos a la realidad.

El Sestetto Stradivari, logró entonces, sacarnos de la realidad por un momento corto pero en el que quedamos más que satisfechos de haber decidido priorizar la música y todo lo que su energía transformadora promueve.

Repertorio:
R. Strauss Sexteto para cuerdas de la opera “Capriccio”, Op. 85.
A.Schönberg „Verklärte Nacht“ Sexteto para cuerdas, Op. 4.
Johannes Brahms Sexteto para Cuerdas no. 2 in Sol mayor, Op. 36.

+ info entradas y próximos conciertos: http://www.teatrocoliseo.org.ar/nuovaharmonia_2018/

Por. Nahomi Martínez
PH: Enrico Fantoni


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