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Por Chape Baker
Ilustrado por Gabriela Canteros
El hombrecillo sintió que un elefante le pisaba el pecho. Salió al balcón en busca de aire aún sabiendo que su problema no era el encierro. La amargura activó sitios de su cuerpo dejando caer algunas lágrimas, hiperventilando, inflamando su garganta. Se mareó y estuvo a punto de caer al suelo pero quizás ni se enteró de tal asunto. Su desesperación lo llevó a invocar a Dios, aquel que se le había aparecido años atrás harto de escuchar sus reclamos.
– Ella ya no me llama, y cuando responde mis mensajes lo hace de modo indiferente. No me da pie a que sigamos conversando y ya me ha dicho que se ve con otras personas.
– Es simple. – Respondió Dios. – Ella te devuelve lo que has hecho todos estos años, estos últimos veinte años.
– ¿Es a lo que llaman Karma?
– Llámalo como quieras. Mejor te digo que ella es todas aquellas mujeres a la que has cancelado alguna cita sin aviso previo, aún habiéndolas ilusionado con que la relación pudiera funcionar, aquellas que has dejado de escribirles sin motivo alguno, aquellas que le has presumido tus relaciones paralelas. Ellas son ella, y lo sé porque yo mismo la he creado.
– Claro, como has creado a todos nosotros.
– No, ella es especial. No tiene padres, no fue concebida. La creé de modo especial.
¿Entiendes?
– ¿Acaso es una ilusión? ¿Está sólo en mi cabeza? ¿Me estás atormentando nuevamente?
– Jamás te he atormentado, no me provoques. No es exactamente una ilusión, pero la he creado tan perfecta, que para ti es tan real como ti mismo. Y con ella aprenderás, tarde pero seguro, que con el amor no se juega. Pasarás noche sin dormir imaginándola en otros brazos, traspirarás más de la cuenta, sentirás que te ahorcan mientras camines y pienses en ella, silenciando su teléfono al ver tus llamadas, gritando el nombre de otros hombres, enviándole las fotos que antes eran para ti, abriéndole las puertas de su casa, esa misma a la cual alguna vez has ido tú. Te quemará el estómago la úlcera y por los nervios y la angustia te florecerán los herpes. Sufrirás por mil lo que has hecho sufrir a los demás.
Ya no me invoques que ya no eres mío. Saluda al demonio de mi parte, y que seas bienvenido en el infierno.
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