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Por Florencia Deleo

El domingo pasado, buscaba qué mirar en Netflix, cuando, después de mucho navegar en dicho streaming, encontré dentro del género “terror” la película Velvet Buzzsaw. Para mi sorpresa, estrenada mundialmente el 1 de febrero de este año y presentada en el Festival de Cine de Sundance, en enero. Digo “para mi sorpresa” porque, como profesional y por supuesto, adepta al arte, no la había visto antes.
A pesar del largo tiempo de haber sido estrenada, sentí la necesidad de reseñar -por no decir criticar– a esta película, que en parte tiene mucho que ver con la realidad y que a su vez, no supieron resolver una trama que se vuelve realmente muy pesada luego de casi dos horas.
Aquellos que se encuentran inmersos en el mundo del arte “tras bambalinas”, tienen alguna idea de cuál es la labor de un crítico, de un marchand, la – a veces- mala fama que pueden tener los galeristas, y todos los misterios, los rumores y realidades, por qué no, de este “pequeño” círculo. Bueno, la película representa la imagen trillada y menos positiva de los profesionales anteriormente mencionados, haciéndolos/nos ver como personas sin alma cuyo único contacto con los artistas es para sacar provecho de ellos. Quiero aclarar que antes de escribir esta review, he leído que catalogaron a esta película como terror, comedia y parodia. Nada más alejado de todo eso. Es una especie de híbrido que no llega a ser ni una cosa ni otra. E insisto, además de ver la temática, pensé que no podía ser tan mala teniendo en cuenta a los grandes actores que ella participan.
Josephine mostrando las pinturas de Vetril Dease a Murf
El film comienza con una escena donde el gran y famoso crítico de arte Murf Vandewalt (Jake Gyllenhaal) se hace presente en la última edición del Art Basel, la feria de arte mundialmente conocida que se realiza en Miami. Por supuesto, para criticar las obras y ofrecerle a sus lectores información sobre en cuál artista deberían depositar su dinero. La gran marchand de la película es Rhodora Haze, nada más ni nada menos que René Russo, quien es la galerista que quiere acaparar a cuanto artista empieza a salir un poco a la luz. Uno de los que están bajo su ala es Piers, interpretado por John Malkovich. Su némesis, Jon Dondon, es el actor británico Tom Sturridge, que “lucha” constantemente por ver quién se queda con el artista del momento -y acá “empieza”, digamos, la trama real de la película- Vetril Dease. Se preguntarán cómo llegó este artista a ser tan famoso. Bien, la protegida y asistente de Rhodora, Josephine (Zawe Ashton), llegó un día post trabajo a su departamento en un edificio colonial de Los Ángeles – donde se desarrolla todo el film-, y encuentra a un anciano vecino tirado en el suelo, fallecido. El conserje le comenta que el susodicho no tenía familiares ni amigos, y deseaba que todas sus cosas fueron desechadas. Curiosamente, este hombre era un talentoso artista. Pero sus obras dejaban ver pasión, violencia y horror. No cumpliendo con los últimos deseos del hombre, Josephine retira todas las obras y las “comparte” con su amigo/pareja ocasional Murf, quien le dice que es un artista de futuro. Por supuesto que ella aclara que es su representante y que tiene la colección consigo (alrededor de mil piezas). Ahí empieza una ola de idas y venidas entre varios de los actores que intervienen en el mundo del arte, y sin ánimos de ser spoiler, cada uno que se involucra para sacar provecho con sus obras, termina en el inframundo, sufriendo calamidades y muertes tan surrealistas como previsibles. Previamente, de alguna forma y sin explicación, las obras plásticas DE TODOS LADOS, incluso las que no pertenecen a Vetril, cobran vida. Así como lo leen. Algo ya visto? Ustedes lo dirán.
Una de las pinturas de Vetril Dease
Como dije anteriormente y en otras palabras, es una especie de sátira al circuito del arte, que intenta dejar alguna moraleja extraña, respondiendo a la pregunta que una de las mujeres exclama en la trama: “¿Para qué sirve el arte si no se puede ver?”. 

Habiendo visto tantas películas que se relacionan a los mismos temas, estoy en condiciones de afirmar que, de mi consideración, es de las peores que he visto. 
Al margen de todo lo que han leido, muestran un arte elitista, un público trillado, profesionales corruptos y sin códigos. Lo admito, también terminé un poco enojada temiendo que la gente que ve este thriller (?) crea que el ambiente es así. En tiempos actuales, una de las funciones que el arte debe/quiere cumplir, es demostrar que es para todos, de todos y que puede venir de cualquier parte, y claro, ser mostrado en cualquier parte, como diría el crítico gastronómico Ego, en el film de Disney, Ratatouille.
Si gustan de estos temas, doy recomendación para las películas La Mejor Oferta (2013), cuyo protagonista este polifacético Geoffrey Rush; y si de películas nacionales se habla, Mi Mejor Obra (2018), con Guillermo Francella y Luis Brandoni, se lleva el aplauso mayor. 
 La Mejor Oferta (2013)
Mi Mejor Obra (2018)
Como algo positivo, puedo decir que los zapatos que Josephine usaba, eran de excelente calidad.
Puntuación: -5/10
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