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Por. Domingo Martínez
ludico1964@gmail.com

Al principio o al final de un viaje, siempre la expectativa de lo inesperado y la satisfacción de lo encontrado creará razones para un nuevo viaje, con la poesía ocurre algo similar, nunca terminamos de indagar porque cada descubrimiento nos deja sensaciones inéditas, que intentamos reproducir en la memoria, pero resulta que estas se transfiguran y se convierten en nuevos descubrimientos. La conexión con Alejandro Cárdenas llegó a través de las redes sociales, el mapa ancestral de sus etimologías nos fue ubicando en Centroamérica, Costa Rica como origen de este personaje que ha renunciado a la fórmula elemental de hacer poesía contemporánea e intenta una propuesta dinámica, viste su poesía con el atuendo de la intimidad, con un sentido de pertenencia en la palabra simbolizada como instrumento sugestivo pero absolutamente ligado a la persona como, al ser humano, donde el paisaje nos llega como una extensión de los sentimientos.

EeA: ¿Qué diría Alejandro Cárdenas si le correspondiera definirse a sí mismo como ciudadano del mundo?
AC: Creo que es tiempo de empezar a imaginar, concebir y sentir al mundo de un modo diferente. Sentir al planeta todo como nuestro hogar y empezar a derribar desde adentro ese constructo humano de las fronteras que, en tantos casos, a lo largo de la historia de la humanidad han sido razón apasionada de grandes guerras. El mundo todo debiera acoger y recibir con los brazos abiertos a todo ser nacido en esta hermosa Tierra azul. Pero seguro nos falta algo de evolución social para llegar a eso. Mientras tanto yo me empiezo a sentir algo así. En cada país que he tenido la oportunidad de visitar a lo largo de años de vida, me he sentido más que bienvenido.

EeA: ¿Los planteamientos de tu poesía están vinculados de algún modo con tus vivencias y experiencias o haces poesía desde otras profundidades?
AC: Es probable que al menos la mitad de mi poesía esté profundamente vinculada a mis vivencias, por un lado, pero de un modo más abstracto a ese mundo interior que me habita, ese inconsciente que influye y fluye en nuestro diario vivir, muchas veces sin darnos cuenta. Y por otro lado, la otra mitad, está vinculada con una capacidad empática, que en términos coloquiales podríamos referir como “ponerse en los zapatos del vecino”, que me permite a veces imaginar el sentir de otros seres humanos ante sus vivencias, experiencias y emociones.

EeA: ¿De qué ataduras debe desprenderse la poesía y a que debe comprometerse como disciplina artística?
AC: Me gusta ver la poesía como un ente que va más allá de la disciplina, un ente casi vivo que es capaz de liberarse de camisas de fuerza y romper barrotes de celdas que lo quieran aprisionar. La imagino como una expresión más de libertad. Libertad para pensar, para sentir y para expresar el sentir. De ninguna manera implico, que cuando sea preferencia del poeta, puedan escribirse esos maravillosos poemas que voluntariamente se someten a la métrica y a la rima, que de por sí es casi que arte aparte. Creo que la poesía debe comprometerse sola y exclusivamente a ser un instrumento efectivo para expresar con gracia y soltura la belleza que yace en el quehacer, en el sentir y en el existir humano, con todo lo que eso implica.

EeA: ¿Cómo es tu relación con los nuevos formatos de literatura que buscan adecuarse a las exigencias y brevedad de las redes?
AC: Me encantan, me apasionan, me gustan demasiado. Creo que, de alguna manera, como ser humano, tuve un despertar tardío hacia la literatura y la poesía. Esto no figuraba en ninguna medida en mi quehacer y sentir de temprana juventud e inicios de adultez. De esta cuenta, cuando empecé a consumir literatura y poesía, el siglo XXI ya ofrecía esta riqueza de nuevos formatos y medios y yo los abracé de entrada. Hoy por hoy, mi modo preferido de lectura es en dispositivos electrónicos, y salvo contadas excepciones he adquirido libros en su formato de papel tradicional. Sin embargo, envidio esa adoración y veneración que tienen los literatos y lectores clásicos hacia el formato en papel y tinta.

EeA: ¿Crees que para incursionar en la poesía se debe entender la poesía o se puede ser poeta de modo inconsciente?
AC: Creo que el requisito primordial para arrancar es tener un sentir profundo, una necesidad incontenible de decir algo, de expresar algo, de plasmarlo. Eso es el tema de fondo y de hecho eso, considero que yace en el inconsciente. En su forma, es también necesario empaparse paulatinamente de las reglas literarias que la rigen y la dirigen, para enriquecer el marco o el lienzo sobre el cual se plasma ese sentir con hermosas pinceladas poéticas que salgan desde lo profundo del alma.

EeA: Históricamente han existido grupos poetas que dentro de su tiempo han sido sobresalientes y sus obras trascienden como objeto de referencia en otras épocas ¿A tu juicio, cuáles serían las razones que han permitido la ponderación de estos poetas sobresalientes?
AC: Creo que mi respuesta en este caso, se saldrá del romanticismo poético y se irá por los linderos de la crudeza de la teoría de libre mercado. Creo que cada generación, tiene momentos históricos, cuya cosmovisión, anhelos y necesidades, a pesar de caer en marcos genéricos comunes al ser humano de todos los tiempos, son a la vez únicos a esos períodos históricos. De manera que eso crea una necesidad, una demanda implícita, del tipo de expresiones artísticas que los grupos sociales requieren en esa época. Y los poetas que han tenido la suspicacia, la astucia, la audacia, la intuición para percibir esa necesidad humana de su tiempo; han podido plasmar esa necesidad de belleza y pensamiento, en el formato y modo necesario, requerido en su momento. Esos, para mí, son los que trascienden.

EeA: ¿Cuáles son los personajes de la literatura que han influido en tu obra?
AC: Si hablamos de influir, no quisiera que esto se entendiera como sí estos personajes han moldeado y han definido a estricto detalle, la forma en que mi limitada obra ha sido escrita. Pues creo que eso más bien nace en gran medida de ese mundo interior que por momentos se me desborda y clama a gritos ser plasmado. Sin embargo, seguramente, los pocos personajes que voy a mencionar han sido inspiración, en el sentido de sentir y entender esa posibilidad que se hace realidad, de que se pueden plasmar en forma tan maravillosa, tan sobresaliente, tan sublime, los pensamientos humanos. Dentro de ellos puedo mencionar a Gabriel García Márquez, Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Alejandra Pizarnik.

EeA: ¿Que pudiéramos esperar en el corto plazo de la poesía y poetas del mundo?
AC: Creo que lo que siempre se debe esperar de la poesía y poetas del mundo, es belleza, belleza artística. El ver esculpido el pensamiento y necesidades humanas de la época en el maravilloso formato literario de la poesía. Cualquier que sea este. Pues el formato poético lo imagino también como un sistema vivo, que evoluciona, que es susceptible de ser transformado y es en efecto transformado por cada nueva generación, para bien o para mal, pero quizá simplemente para satisfacer esa necesidad humana de expresión artística que ha existido en toda la historia humana.

EeA: ¿Crees que la poesía es susceptible de agotarse en algunas de sus formas?
AC: Mientras exista un mundo donde la palabra, sea instrumento vital de la comunicación humana, no puedo imaginar que ese mundo exista sin poesía; en el formato, forma y fondo que sean propicios y pertinentes para la época en que le toque ser y existir.

EeA: ¿Qué otros escenarios permiten encontrarse con la palabra de Alejandro Cárdenas además de las redes sociales?
AC: De momento las redes solamente. Quizá tenga en mente uno o dos proyectos de llevar esa palabra a un formato publicado en papel o en compendio electrónico, pero dada la situación mundial que se vive, quizá esto empiece a andar a algunos meses plazo, si todo va bien.

EeA: Háblanos de tu amplitud con la poesía japonesa.
AC: La poesía japonesa para mí, es toda una historia dentro de la historia de mi vida, un capítulo trascendente. Hace breves años, cuando la poesía se hizo vital para mí, que es como suelo decir “a mí la poesía me encontró y me rescató, yo no fui en pos de ella”, empecé a ver en Twitter y un poco en algunos blogs de poesía y un tanto más en la red de poesía Poémame.com esos breves, hermosos y algunos sublimes poemas cortos con etiquetas japonesas como característica común. Etiquetas como Tanka, Haiku, Senryu, etc. Tuve mucha curiosidad y pregunté a una poeta destacada en el ámbito de Twitter, quién me invitó a la escuela internacional de poesía japonesa “Sociedad Secreta del Haijin”, de la cual me hice alumno y a través de un proceso de bastantes meses alcancé el grado de maestro Sempai. De momento no estoy activo en esta escuela, aunque guardo con afecto y admiración el recuerdo de las varias Sensei y el Sensei Director que tuvieron a bien acogerme, guiarme y exhortarme con mucho cariño, paciencia y empeño.

EeA: El complejo mundo que vive Alejandro Cárdenas en su interior, nos puede llegar por precipitación tras la condensación de esas ideas dispersas, vaporizadas en su soledad, sus frustraciones o sus deseos; al pasear por su prosa o sus versos es posible palpar esa latente angustia en el debate existencial que el poeta enfrenta con sí mismo. Como evidencia mostramos la Celda.

La Celda.

Estoy atrapado en una celda de barrotes de oxígeno inoxidable. Mis

carceleros son segundos mudos e implacables. Me cambian los carceleros a

cada instante; cada que volteo a ver, se han ido los anteriores y vienen unos

nuevos; más implacables y más mudos que sus predecesores. 

Subyugado a la tiranía del presente, desde esta celda invisible; soy incapaz

de caminar a la habitación contigua, la del ayer; sólo se me permite verla

desde un cristal a prueba de balas atemporales. 

Enfrente, observo constantemente, la habitación del mañana; pero no lo

distingo claramente; hay una cortina de bruma que me la desdibuja. Por ratos

la veo soleada, asombrosa y esperanzadora; por ratos la veo sombría,

quejumbrosa y aterradora. 

Cada vez que despierto, tengo la sensación de despertar en lo que parecía la

habitación del mañana; pero la observo a detalle, veo el papel tapiz, los

cuadros de arte abstracto que cuelgan de sus paredes, el color y textura del

piso; el techo, esa misma mancha en una de sus esquinas, esa misma gotera

que tanto me desespera; y concluyo, que sigue siendo la habitación del

presente. 

Durante el día, me siento en un banco de circunstancias; tiene tres patas

desiguales; con mucho trabajo mantengo el equilibrio. Desde mi banco veo

los segundos pasar; tan mudos, nunca me dicen nada, ni me saludan ni se

despiden; tan implacables, de reojo me miran con desdén. Desfilan instante a

instante frente a mí. La otra vez quise sujetar uno de ellos de una de sus

piernas; era tan escurridizo y resbaloso; se me escapó en un segundo el muy

taimado. 

Tengo esta lista de cosas por hacer en este presente constante, y se me va la

vida en hacer y hacer. A veces estoy tan ocupado en el hacer, que ni veo los

segundos pasar; solo tengo esa sensación de que son multitud de ellos los

que se han ido y han llegado, casi sin dejar huella en mi celda del ahora. 

Después de un tiempo, empiezo a notar en carne propia, lo verdaderamente

implacables que han sido (esa infinidad de segundos que han pasado).

¡Mira como me van dejando el cuerpo! Todo gastado, cada vez más marchito

y mallugado; segundos desalmados.

Y sigo aquí, con mi lista del hacer; haciendo, deshaciendo y volviendo a

hacer. Sin notar el ejercito de segundos que desfila frente a mi celda; sin

sentir el daño que le hacen a mi cuerpo, a mi alma. Luego de un buen tiempo

me doy cuenta, que la verdad; es que me están matando de a poquito,

haciéndome pequeñito. 

Un día desperté con esa sensación, clavada como puñal en el centro de mi

corazón; ya no habrían más segundos para ver pasar, mi cuota estaba por

alcanzar. La promesa contínua (que siempre se cumplió) de seguir viendo el

mañana, se había acabado. Ese día quise contemplar el mañana a través de la

bruma; mas una cortina de hierro me separaba de él. La cortina estaba

recubierta de espadas de dos filos de distintos tamaños; en cada espada

caminaban, a cada lado, escorpiones ponzoñosos de aspecto formidable.

Infranqueable. 

Me senté en mi banco de circunstancias. Miré mi lista de cosas por hacer,

estaba vacía; del asombro casi me caigo de mi banco, al perder el equilibrio.

Me parecía que los segundos pasaban más lento, casi se congelaban; y en

ese momento observé sus rostros con todo detalle; cada uno tenía un rostro

diferente, pero era obvio que todos, eran los rostros de la muerte. 

El último segundo que llegó, tenebrosamente enmudecido; tenía los mil

rostros de la muerte. Llevaba una túnica negra muy larga, parecía tan

antigua. Su cuerpo parecía totalmente atemporal, desprovisto de

temperatura; sin embargo, daba la sensación de estar envuelto en llamas

ancestrales; pero las llamas no abrasaban, todo lo contrario, eran tan

terriblemente frías; como salidas de un invierno recalcitrante, desde el origen

de los tiempos de todos los universos. Llevaba un aro muy grande de plata,

del cual pendían miles de millones de llaves de eternidad (no sé como le

cabían tantas). Tomó una, la introdujo en el cerrojo de mi celda del ahora y la

abrió.

─Eres libre ─me dijo─ ¡Todo ha terminado!

Un sueño pandimensional

Hace un instante contemplaba

esos momentos brillantes

y a veces ténues

de tu tierna infancia;

luego,

todas tus luchas de adolescencia,

y todas las penalidades

de esa fatigosa adultez

que te ha agobiado

con el peso de incontables toneladas;

cuántos problemas han gravitado hacia ti

como si fueses un imán bipolar

que atrae y repele por ambos lados a la vez…

y cargado de dolor y de empática aflicción

he regresado a tus primeros meses de vida,

donde lloras por la angustia de tu devenir;

te he acariciado las mejillas,

he dibujado una sonrisa en tu rostro,

he rozado gentilmente los lóbulos en tus orejas,

y te has dormido profundamente

acunado en mis brazos,

con un beso mío en tu frente…

me he ido con fast forward a esos instantes

en que te has hundido en los más oscuros abismos

de tu existencia;

y rodeado por mis brazos

te he dado palmadas en la espalda,

te he repetido que todo va a estar bien;

que tarde o temprano esbozaré un camino frente a ti

y tú pondrás los adoquines con cada paso que des;

un sendero que finalmente te lleve a buen destino.

Guardo cada una de tus lágrimas;

las de tus sollozos en la alborada,

las de tus ayeres,

y las de todos tus mañanas

en un frasquito pequeño;

y las vierto continuamente

en todos los manantiales,

los ríos, los lagos,

los océanos y los mares.

Cada una de tus células muertas

las recojo en un pomo

para con ellas llenar de pétalos

las flores de todas las primaveras

que han de venir.

Cada uno de tus latidos

son el motor de mi reloj de bolsillo,

lo observo

en cada uno de los segundos de tu vida;

y hoy te garantizo que estaré allí,

cuando el reloj se detenga,

cuando vivas el último de tus segundos,

cuando expires y vuelvas a mí;

a mí,

que te di aquel primer hálito de vida…

cuando eso suceda,

abriré el cristal de tu tiempo,

el que he guardado en mi reloj,

y liberaré toda la luz

de los instantes que has existido;

los verteré en alguno

de los infinitos espacios oscuros

que a veces, se me ocurre crear;

y serán,

la fuente inagotable de resplandor

de todos sus luceros.

Y no, no te he creado aún;

eres todavía un sueño,

un anhelo…

mas cuando lo haga,

dudarás de ello;

pensarás,

que no eres más que un accidente sin propósito;

pero lo haré, te he de crear,

te prometo solemnemente…

que lo haré.

Y serán incontables las veces

que pensarás que yo,

soy solo un sueño;

un absurdo de tu imaginación…

pero no, el sueño eres tú;

producto de una imaginación inagotable,

incalculable, inconcebible.

Y eres todo menos absurdo;

eres un sueño, un anhelo…

mi sueño.

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